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¿Existen las maldiciones generacionales?


Alguien me hizo llegar esta pregunta: “¿Qué me puedes decir sobre las maldiciones que se heredan de padres a hijos y nietos y más allá?” Supongo que la duda es si esto es bíblico y cómo funciona.

Esta idea proviene de dos fuentes principales: Textos bíblicos como Éxodo 20:5; 34:7; Números 14:18 y Deut. 5:9 y además la idea medio mágica y ocultista de que se puede echar conjuros sobre otras personas. En la práctica, la idea es que las cosas malas que me suceden o los pecados que cometo, podrían ser el resultado de maldiciones o ataduras contraídas por mis antepasados. Hay que reconocer que muchos cristianos creen que esta es una doctrina que proviene de la Palabra de Dios.

Sin embargo, por un lado, los textos citados no significan que Dios va a perseguir de manera obsesiva a una familia para destruirla o hacer que sufran por generaciones enteras. Más bien habla de la gravedad del pecado de la idolatría y sus efectos duraderos en las generaciones subsiguientes; esto es, por vía del ejemplo y la influencia del ambiente sobre los hijos y los nietos. A propósito, el pasaje dice claramente que la “visitación” de Dios (obviamente con propósitos de juicio) es para aquellos que lo aborrecen y no para creyentes.

Por otro lado, recuerda que aunque alguien te eche una maldición, sus efectos ya han sido llevadas por Jesús en la cruz, donde él se hizo maldición para librarnos de la maldición de la Ley (y cualquier otra). 2 Corintios 5:17 agrega que si alguno está en Cristo, es una nueva creación, para la cual las cosas viejas ya pasaron. Si Cristo triunfó en la cruz sobre los demonios y sus artimañas (Col. 2:14-15), entonces no es una maldición la que va a apartarte del Señor (Rom. 8:37-39).

Por último, considera por un momento si esta doctrina fuera cierta. En primer lugar, en lugar de arreglar tus cuentas personalmente con el Señor y los demás, tendrías que preguntarte qué atadura tiene mi abuelito o tatarabuela para que yo esté pasando por estos problemas. En segundo lugar, significaría que del diablo y sus demonios tendrían más poder que Jesús, lo cual no es posible (1 Juan 4:4). En tercer lugar, significaría que los pecados y/o errores de mis antepasados me perseguirían sin qué ni para qué, siendo que la Biblia afirma que cada uno será juzgado por sus propios pecados y no por los de sus padres o antepasados (Deut. 24:16; Ezequiel 18:20, aunque de hecho, todo el capítulo hace énfasis en la responsabilidad personal).

Con respecto a los “anatemas” (maldiciones) que aparecen en la Biblia, la idea no es echarle la mala suerte o condenar a alguien al inevitable fracaso, sino a pronunciar palabras de condena y formal desaprobación de algo o de alguien. No se trata de el mismo sentido de “maldición” que se usa en ambientes de hechicería y brujería.

La verdad es que sí hay influencias; repito, influencias que se pasan de padres a hijos. Por eso, muchos pecados de los padres se repiten en las nuevas generaciones, pero no hay tal cosa como maldiciones infalibles que nos aten de manera inevitable. Somos hijos de Dios y como tales, estamos bajo la protección y el cuidado de Dios de cualquier conjuro o hechizo mágico (Juan 10:28-30).

Quiero recomendar una interesante y amplia discusión sobre el tema en otro foro. En lugar de repetir muchos de los conceptos allí expuestos, he decidido colocar el vínculo para que lo consultes:

http://www.foroekklesia.com/showthread.php?s=&threadid=28230

Cualquier comentario adicional, no dudes en hacerlo.

Con entendimiento transformado,

Alan Perdomo.

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