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COVID-19: Una crisis complicada (Libro)

Unos días después de iniciada la emergencia por el nuevo coronavirus en el mundo, los hermanos del Seminario Bíblico Centroamericano de Honduras le encargaron a este servidor escribir un documento que presentara una perspectiva teológica de la crisis. El propósito principal era que se convirtiera en una herramienta de consulta y orientación para pastores y líderes de las iglesias. Conforme se avanzó en el proyecto, se vio que podría ser de utilidad para otros hermanos en la fe y para personas interesadas en conocer el punto de vista cristiano, proveniente de la Escritura acerca de esta inesperada situación mundial.

Al terminar el documento y comenzar a compartirlo, el pastor y amigo personal, Abner Mejía, tuvo la idea de convertirlo en un pequeño libro para que fuera más fácil su lectura y su acceso a más personas. Como dice en la introducción de la pequeña obra, la intención es que sea un punto de partida para el diálogo fructífero que lleve a un mejor pensamiento sobre el tema, así como el inicio de proyectos que exalten al Señor y ayuden a muchas personas en necesidad durante este tiempo de crisis. Agradezco a las personas que, amablemente, colaboraron en la confección de este librito.

Aquí dejo el libro en su totalidad en un formato que se puede leer.



¿Eres calvinista o arminiano?

Publicado en
“El Bunker"
Shock 105.3 FM
Hace unos años, tuve la oportunidad de participar en una sección de preguntas teológicas en el programa de radio “El Bunker”, dirigido por mi amigo, Howard Andruejol en la recordada emisora guatemalteca Shock 105.3 FM. Esta fue la primera de las secciones de preguntas. En esa ocasión, respondíamos a “¿Eres Calvinista o Arminiano?”. Como la controversia entre ambas posturas teológicas, aún es de actualidad, publicamos en esta ocasión de nuevo el audio de esa sección.


¿Cuál es la contraseña para obtener todo el poder de Jesús?


Publicado en "Líder Juvenil"
www.liderjuvenil.com

“¡En el nombre de Jesús reclamo…!” “¡Te ordeno en el nombre de Cristo…!”. Frases como esta parecen ser el símbolo de una iglesia triunfadora y llena de poder del Señor. Es como que si para acceder al poderío de Cristo deberíamos utilizar frases plenas de seguridad y hasta un poco de arrogancia, reflejando la autoridad que poseemos los hijos del Rey. Si hemos de ser honestos, todos en algún momento quisiéramos poseer esta capacidad para echar mano de la infinita potencia de Dios para transformar una indeseada y complicada realidad. En esta ocasión quisiera llevarte a evaluar, reconsiderar e incluso a desvirtuar varias de esas “claves secretas” comúnmente utilizadas para poner al alcance del creyente común el poder de Jesús.

El Nombre de Jesús
            Todos sabemos que el Nombre de Jesús es poderoso. Jesús mismo prometió que “en mi nombre echarán fuera demonios” y otros milagros. Es más, ¿quién no sabe que la oración debe hacerse “en el nombre de Jesús? ¿No es, entonces, el “nombre de Jesús” una contraseña segura para acceder al poder de Cristo? Considera las siguientes observaciones:
Primero, en la cultura judía, el “nombre” era más que solo una manera de llamar a las personas. El nombre significaba la persona misma. Así, por ejemplo, cuando el Antiguo Testamento nos llama a “bendecir el nombre de Jehová” (Sal. 96:2), a “invocar su nombre” (Sal. 116:4) o a “engrandecer el nombre de Jehová” (1 Cr. 17:24), simplemente nos está invitando a hacer esas actividades con Dios mismo; no con su “nombre”. En otras palabras, invocar el “nombre del Señor” significa, sencillamente, invocar al Señor y “engrandecer su nombre”, significa engrandecerlo a Él.
Segundo, cuando Jesús afirmó que había que orar “en su nombre” (Jn. 14:14; 16:24) o que los creyentes “en mi nombre echarán fuera demonios” o incluso, cuando el Nuevo Testamento dice que “en el nombre de Jesús se doble toda rodilla” (Fil 2:10), lo hace pensando en la persona de Jesús mismo y no tanto en las cinco letras (J-E-S-U-S) de su nombre. Así, entonces, orar “en el nombre de Jesús” no significa solo repetir el nombre como una especie de rezo mágico que va a desatar las bendiciones de lo alto. Significa orar sabiendo que somos representantes de Aquel que es digno de toda honra. Es como orar como que si Jesús mismo estuviera orando. Asimismo, cuando toda rodilla se doble ante el nombre de Jesús, no significa que se arrodillarán ante un gigantesco cartel que en letras luminosas anuncie un nombre, sino que todas las criaturas del universo reconocerán la majestad y superioridad de la persona de Jesús. Quiere decir, entonces, que el nombre de Jesús no es una contraseña para acceder a su poder, sino que representa al mismo Salvador y Señor.

La sangre de Jesús
             Una frase muy popular en las iglesias de hoy, sobre todo en medio de tanta inseguridad, es “que la sangre de Cristo nos cubra”. La sangre de Cristo es una de las “contraseñas” más habituales, y supuestamente más efectivas, para acceder al poder del Señor. Sin embargo, considera lo siguiente:
            Primero, la sangre de Jesús es sangre regular como la de cualquier ser humano. “¿Cómo puedes decir eso?”, quizá dirían algunos de ustedes. Pues sí. Si no fuera sangre común y corriente, entonces el sacrificio de Jesús no hubiese sido el de un auténtico ser humano y, según Anselmo, el famoso teólogo medieval, no sería posible aplicar los méritos de ese sacrificio a seres humanos. Si de alguna manera obtuviéramos un poco de sangre auténtica de Cristo, no tendríamos una fuente de poder mágico. Simplemente sería sangre humana. El poder de la sangre de Cristo (Heb. 9:14; 1 Jn. 1:7) no está en la sangre como elemento físico.
            Segundo, cuando la Biblia habla de la sangre de Jesús está usando una figura literaria que se llama “metonimia”, que consiste en referirse al material de lo que está hecho algo para referirse a ese algo. Por ejemplo, cuando decimos que “el púlpito evangélico debe mejorar” no estamos pensando en el púlpito como mueble físico de madera o vidrio, sino a la predicación en las iglesias locales. De la misma forma, “la sangre de Cristo” en realidad se refiere a la muerte sacrificial de Jesús. Cuando el Nuevo Testamento dice que la sangre de Cristo nos justifica (Rom. 5:9), nos purificará (Heb. 9:14), que nos da acceso al Padre (Heb. 10:19) o que nos limpia de todo pecado (1 Jn. 1:7) se refiere al poder purificador y redentor de la obra espiritual efectuada cuando Jesús murió en la cruz por nosotros. En este sentido, no se puede acceder a los méritos del sacrificio de Jesús repitiendo “la sangre de Jesús nos cubra” o algo así, como si fuera una frase cabalística como “abracadabra”. Por lo tanto, podemos decir que ésta tampoco es una contraseña secreta para desatar el poder del Señor.

Los medios verdaderos
            Técnicamente, no hay “contraseñas” o claves secretas para alcanzar el poder de Cristo. La Biblia habla acerca de al menos cuatro hechos acerca del poder divino:
Primero, el poder es de Dios y no está a la venta o en subasta y no es sujeto de manipulación al antojo de nadie. Solo Él es digno “de recibir la gloria, la honra y el poder” (Ap. 4:11) y su poder es infinito (Sal. 89:8). Simón el mago quiso comprar parte de ese poder y Pedro le respondió “que tu dinero perezca contigo”.
Segundo, a la vez, la Palabra de Dios afirma que Dios ha decidido compartir parte de su poder. Por ejemplo, el evangelio –las buenas nuevas de salvación– es poder de Dios (Rom. 1:16) y Dios, usando distintos medios, capacitó con poder a Sansón y otros líderes para hacer portentos y hacer cumplir la Voluntad Soberana del Señor. A la vez, los cristianos hemos recibido poder para testificar a todas las naciones acerca de Jesús y la salvación (Hch. 1:8).
Tercero, el poder de Jesús no fue compartido con nosotros para hiciéramos una especie de circo mediático espectacular y sobrenatural. Aunque nuestro Dios sigue haciendo milagros y maravillas, la Biblia dice que ese poder nos acompaña: 1) Para predicar y autenticar el evangelio (Hch. 1:8; 4:3; Rom. 15:19); 2) Para vivir fortalecidos en la santidad (Col. 1:10-11); 3) Para soportar los sufrimientos y dificultades (Fil. 4:13; 2 Cor. 12:9; Fil. 3:10).
Cuarto, en último caso, la forma adecuada de recibir el poder de Jesús es poniendo  nuestra fe y confianza en el sacrificio de Jesús y depender de los méritos de esa obra redentora a nuestro favor. Este acto se efectúa de manera decisiva en el momento de la salvación, pero debe ser experimentado también en el día a día del creyente. Por eso, en lugar de buscar claves secretas para obtener el poder del Señor, celebra que el poder de su sangre (es decir, su sacrificio) y de su Nombre (es decir, la persona de Jesús) ya están en tu vida, si eres un hijo de Dios. Luego, comienza a experimentar ese poder a través de tu testimonio de Cristo a otras personas, de identificar la bondad y la gracia del Señor en tu vida cotidiana y de depender del Señor a la hora de tomar decisiones diarias, pequeñas o grandes. ¡Así accederás al infinito poder del Señor!

Sorprendido por un Dios asombroso


Publicado en la Revista Lider Juvenil
www.liderjuvenil.com


          Es normal para la mayoría de cristianos afirmar que tenemos un Dios infinito, poderoso, lleno de amor, misericordia y gracia. De hecho, muchas de las alabanzas que cantamos en la iglesia son, en buena medida, una colección algo desordenada y emotiva de adjetivos y calificativos dedicados al Señor, a veces con claridad y otras, no tanto. Sin embargo,muchas veces parece que el enfoque de la emoción es la adoración en sí y no tanto el Dios a quien se supone que dirigimos nuestra alabanza. De hecho, si hemos de ser honestos, en general parece que los cristianos estamos perdiendo nuestra capacidad de aprender cosas nuevas y emocionantes acerca de Nuestro Señor.
            Hace un tiempo, decidí enseñar a los jóvenes de mi iglesia en Honduras una serie de predicaciones acerca de la persona de Dios. Debo confesar que ya estaba preparando las viejas notas de Teología Propia que normalmente enseño a mis alumnos de Seminarios e Institutos bíblicos. Mi mente estaba más o menos preparada para repasar los argumentos de la existencia de Dios, los “atributos comunicables” y una buena explicación sobre la Trinidad, barnizada por conceptos filosóficos. Sin embargo, el Señor tenía otros planes para mí y para los jóvenes.
Partiendo de una extraña pero muy clara insatisfacción con el material que tenía, Dios me llevó a buscarlo a Él en la Biblia y no usar los, en otro momento, útiles mapas preconcebidos de la teología sistemática. Las dos figuras bíblicas que mencionaré a continuación son parte de ese emocionante, apasionante y sin duda sorprendente viaje a través de las páginas de la Escritura, a través del cual fui deslumbrado de nuevo por un Dios que es simplemente fascinante.
El Artista de la Creación. Quizá las películas sobre el Génesis o los dramas de la iglesia nos han motivado a imaginarnos a un Dios creadormuy serio y formal con una voz profunda al estiloDarthVader ordenando “¡hágase la luz!”. Sin embargo, mi sorpresa fue muy grande al leer los siguientes textos bíblicos en traducciones variadas: “Al ver Dios la belleza de la luz, la apartó de la oscuridad” (Gén. 1:4, TLA), “Mientras Dios admiraba tal belleza…” (Gén. 1:12-13, 18, 31, TLA), “…mientras cantaban a coro las estrellas matutinas y todos los ángeles gritaban de alegría?” (Job 38:7, NVI).
¡Vaya! Tratando de despojarme de toda preconcepción, el ambiente reflejado por estos textos no es el de una catedral seria y digna o el de un culto formal que tanto caracteriza a muchas de nuestras iglesias. El escenario es uno de alegre fiesta; de asombro inquieto y hasta de cierto regocijo infantil. Me pude imaginar al Señor creando el mundo y diciéndose “esto le va agradar a ellos… este toque les encantará”.Me imaginé a un Dios artista contemplando extasiado su obra y los ángeles alrededor vitoreando y siendo testigos privilegiados de una muestra del impresionante, poderoso y creativo amor de su Rey.
Al tratar de buscar las consabidas imágenes para la presentación audiovisual de mi predicación, las que mejor encajaron eran las de niños deleitándose en un alborozado caos artístico, riendo y jugando con pintura; experimentando con gran regocijo y buscando las mejores combinaciones de colores en un auténtico festival de creatividad. ¡Ese es mi Dios!
El enamorado traicionado por su pueblo.Lógicamente, para seguir aprendiendo acerca de un Dios admirable, el paso que seguía era ir a los profetas.Esperaba un poderoso mensaje de un majestuoso Dios airado ante el pecado de un pueblo de cabeza y corazón duros. Sin embargo, una nueva sorpresa me aguardaba. Aquí me topé de frente con el dolor de un Dios apasionadamente celoso. ¿Qué hace el Señor de los cielos cuando su pueblo le es infiel? Los profetas me respondieron con una fuerza dramática que yo no esperaba.
Por ejemplo, para echar en cara al pueblo su infidelidad, el Señor utiliza palabras poco “evangélicas” como las siguientes: “¿Cómo se atreven a decir que no han pecado ni han adorado a dioses falsos?… ¡Admitan todo lo que han hecho! Son como una burra en celo cuando anda en busca del macho: se pone a olfatear el viento, y en cuanto corre al monte nadie la puede frenar. Si el macho la busca, fácilmente la encuentra” (Jer. 2:23, TLA); “A todas las prostitutas se les paga; tú, en cambio, les pagas a tus amantes. Los sobornas para que vengan de todas partes a acostarse contigo” (Ez. 16:33, NVI).¡Qué palabras más trágicas, llenas de una triste mezcla entre resentimiento, desconsuelo y dolor! El leer esta figura incluso me hizo dudar que se pudiera enseñar en el santo ambiente de una iglesia, aunque al mismo tiempo, pensé en varios adolescentes que sin duda pondrían más atención que nunca.
A la vez, por supuesto, en los profetas hay creativos y justos anuncios de juicio, los cuales involucran destrucción incluso a través de los amantes del pueblo adúltero. Sin embargo, lo que sobresale no es Dios como vengativo juez satisfecho por castigar al pecador. En realidad, los abundantes reclamos y castigos parecen provenir de un corazón dolido y atormentado, que ansía la reconciliación: “Cuando yo te perdone por todo lo que has hecho, tú te acordarás de tu maldad y te avergonzarás…” (Ez. 16:63, NVI); “Cuando visita a sus amantes se pone joyas y les lleva regalos, pero a mí me tiene olvidado. Por eso la voy a castigar, pues ha adorado a dioses falsos. Yo soy el Dios de Israel, y les juro que así lo haré.A pesar de todo eso, llevaré a Israel al desierto, y allí, con mucho cariño, haré que se vuelva a enamorar de mí” (Os. 2:13-14, TLA). La pasión de Dios por su amado pueblo es tan grande que siente las profundas heridas cuando le somos infieles. Incluso el castigo justo tiene como propósito hacernos regresar a su lado. ¡Qué Dios tan asombrosamente apasionado el que nos presenta la Palabra!
El dolor de la traición amorosa y los celos son emociones que no son desconocidas para los jóvenes. Los rostros juveniles, sorprendidos como yo, parecían iluminarse al descubrir en la Biblia a un Dios amorosamente poderoso y casi vulnerable ante la deslealtad de su pueblo.
Qué aprendí. Primero, puedo decir que esta serie de predicaciones cambió para siempre mi percepción del Señor. Mi tiempo de oración y de comunión con Él ha sido más abierto. En muchos sentidos lo siento más cercano. Segundo, me recordó el privilegio de redescubrir al infinito Rey de reyes. Un Dios demasiado domesticado por ciertos criterios teológicos tarde o temprano termina siendo una caricatura hecha a nuestro gusto. Tercero, las figuras e ilustraciones bíblicas que buscan expresar lo inexpresable me ayudan a sorprenderme continuamente con nuevas dimensiones del Dios al que adoro y a quien sirvo. Desde entonces he descubierto nuevas ilustraciones bíblicas: el padre amoroso que busca acariciarnos (Deut. 1:30) o la madre que desea dar consuelo (Is. 66:13). Sin embargo, nunca voy a olvidar el día en el que Dios mismo me sorprendió con su admirable personalidad. ¡Gloria a su asombroso Nombre!

¿Por qué insistimos en la autoridad de la Biblia?

           
(Publicado en la revista Líder Juvenil)
www.liderjuvenil.com


 Esta es una acelerada época que busca resultados efectivos a corto plazo. En el terreno del ministerio de la iglesia, lo anterior implica la búsqueda, a veces entusiasta, a veces desesperada, de métodos para alcanzar frutos rápidos y visibles. En relación con el ministerio juvenil, el fenómeno es, quizá, más acentuado aún. La mayoría de líderes juveniles están en permanente búsqueda de métodos más divertidos, más recientes o más emocionantes para instruir, entretener o simplemente motivar a los jóvenes. En este contexto, las fuentes de autoridad también se tambalean y se vuelven inestables y cambiantes. Así, los ministerios que insisten de manera obstinada en que la Biblia es la máxima autoridad en todo asunto de fe y práctica corren el riesgo de ser tildados de ingenuos o, peor aún, obsoletos. ¿Por qué deberíamos empeñarnos en mantener la autoridad absoluta de la Palabra en estos globalizados tiempos de los métodos gerenciales y tecnocráticos? Considera las siguientes cuatro razones teológicas.

Primera: Es el único libro que tiene origen divino.
            Uno de los textos clásicos en la teología de la revelación cristiana es 2 Timoteo 3:16. Aquí, el apóstol Pablo señala el origen divino de la Biblia utilizando una sola palabra griega: Theopneustos, traducida “inspirada por Dios”. Esta frase, la cual podría ser traducida literalmente “soplada o espirada por Dios”, posee dos implicaciones teológicas: primero, que la Biblia es la única fuente de autoridad que tiene un origen claramente divino. La única vez que aparece la palabra griega ya mencionada es para referirse a la Escritura. Aunque muchas veces se utiliza la palabra “inspirado” para referirse a algún canto o predicación, la verdad es que esa palabra está reservada solamente para la revelación escrita de Dios. Por tanto, las canciones que cantamos o las enseñanzas que escuchamos son valiosas en la medida en la que reflejan los infalibles principios de la Palabra de Dios.
            La segunda implicación teológica de la frase “inspirada por Dios” es que, técnicamente,  lo inspirado son los libros; no los autores. Por supuesto, la frase “inspirados” en español aparece también en 2 Pedro 1:21 para referirse a los escritores. Sin embargo, la palabra griega no es la misma. Pedro utiliza la palabra ferómenoi, la cual significa “llevados”, “guiados” o “impulsados”, como traduce la NVI. Por supuesto, el Señor ejerció una acción guiadora y directora sobre los escritores humanos. Sin embargo, no es exacto utilizar la palabra “inspirados”, ya que, como ya se ha mencionado, esta palabra está reservada exclusivamente para el resultado de su trabajo: los libros de la Biblia. En este sentido, entonces, todo lo que Moisés escribió en la Escritura es inspirado por Dios, pero no todo lo que el líder escribió o dijo en su vida lo es. Como puede verse, la Palabra de Dios es superior aun a sus escritores humanos. Por ello es que debemos insistir en su autoridad absoluta.

Segundo: La Palabra de Dios da origen al pueblo redimido
            En su primera carta, el apóstol Pedro afirma que los creyentes son “renacidos… por la Palabra de Dios…” (1 Pedro 1:23). Lo que este pasaje comunica es que la vida de Dios; la vida eterna; la vida verdadera es generada por la predicación de la Palabra eterna del Señor. En el pasaje se contrasta el nacimiento por medio de “simiente corruptible” (es decir los padres terrenales) y el segundo nacimiento, el cual se efectúa por la Palabra “que vive y permanece para siempre”. Santiago 1:18 reafirma este concepto, cuando dice que Dios “nos hizo nacer por la palabra de verdad”.
Existe una discusión muy común en la Bibliología que trata de definir si la iglesia origina la Escritura a través de su aceptación de los libros inspirados. Sin embargo, a la luz de estos pasajes, se puede decir que no es la iglesia la que le da autoridad a ella, sino al contrario: la Biblia es la que le infunde vida al pueblo del Señor. Como dice Samuel Escobar, “el pueblo surge de la Palabra, por eso se somete a ella”. Cualquier tradición, opinión, método o costumbre de la iglesia queda supeditada al escrutinio vivificante y final de la imperecedera Palabra de Dios.

Tercero: La Biblia señala a una persona: Jesucristo.
            A pesar del aprecio y respeto que los creyentes poseemos por la Biblia, corremos el riesgo de caer en el extremo de casi llegar a ser “bibliólatras”. Esta frase puede sonar extraña, pero lo cierto es que no debemos olvidar que la Biblia es el medio de revelación que señala a una Persona: Jesucristo. El mismo Jesús lo ratifica cuando afirma con autoridad que las Escrituras “dan testimonio de mí” (Jn. 5:39). Además, cuando se apareció a los discípulos en el camino a Emaús, declaró que todo el Antiguo Testamento (“la ley de Moisés, los profetas y los Salmos”) daban testimonio acerca de él (Lc. 24:44). ¿Te das cuenta? En otras palabras, la Escritura es valiosa porque nos da la oportunidad única y sublime de conocer a través de ella nada menos que al Maestro de maestros; al Rey de reyes y Señor de señores.
            De acuerdo a esa perspectiva, entonces, el poder de la Palabra de Dios no se encuentra en sus páginas; es decir en el papel, la tinta y la cubierta utilizados en su fabricación. Su poder se encuentra en la capacidad sobrenatural de mostrar el carácter y la gracia de Cristo a través de la preparación, la ejecución y la consumación del plan divino para la humanidad. Dicho de otra manera, la Biblia no es un amuleto de la buena suerte o una suerte de símbolo mágico que ahuyenta los malos espíritus. Su autoridad proviene de la historia y los principios que revela, ya que éstos son un testimonio de la Persona más importante de la historia: Cristo Jesús. Esa es una de las más importantes razones para insistir en la autoridad de la Palabra de Dios.
             
Cuarto: La Biblia transmite el poder de Dios que transforma la vida del creyente
            Ya se mencionó antes que la Escritura da origen al pueblo de Dios, por medio de la predicación. Ahora se debe señalar que, además, la Palabra de Dios posee en sí misma el poder transformador de Dios. Pablo lo declara en su primera carta a los Tesalonicenses cuando los felicita por haber recibido su predicación, no como un mero discurso humano, sino como la Palabra de Dios, “la cual actúa en vosotros los creyentes” (1 Ts. 2:13). La palabra utilizada por el escritor es energeitai, la cual da la idea de trabajar de forma activa y efectiva. Como puede verse, el apóstol personaliza la Escritura y le da un poder independiente del predicador, ya que es ella la que actúa para transformar al creyente. Lo anterior está en consonancia con otros pasajes que dicen que la Biblia tiene vida propia y realiza cambios notables en la vida (Heb. 4:12).
Por otro lado, es oportuno señalar en esta época casi obsesiva con el tema de la liturgia que la obra poderosa de transformación viene a través del estudio fiel, perseverante y serio de la Palabra del Señor, no de los cantos o las ceremonias que realizamos en el culto, por muy agradables y necesarias que sean dichas actividades. Lo anterior implica que, la iglesia podría crecer en su relación con Dios aun sin tener cantos, ayuda social u ofrendas, pero no podría hacerlo sin la Palabra del Señor. Es más, la iglesia podría seguir siendo transformada sin tener predicadores, siempre y cuando cada miembro estudiara eficazmente la Biblia por su cuenta. Así de autoritativas son las Escrituras, las cuales nos pueden “hacer sabios” para la salvación.
En estos tiempos en los que se idolatra el éxito, la Biblia parece ir cediendo su lugar ante los métodos novedosos y “más efectivos”. Sin embargo, su autoridad se mantiene intacta, debido a su origen divino, a su precedencia sobre el pueblo de Dios, al testimonio fiel de Jesús y a su poder transformador. No existe otra fuente de autoridad que tenga credenciales tan elevadas como la Escritura. Estas son, no solo fuertes razones para insistir en su autoridad absoluta, sino también motivos teológicos prácticos para elevarla hasta el sitio que ella se merece en la vida personal y comunitaria de los miembros de la iglesia del Señor.

¿Cómo podemos explicar la Trinidad?


(Artículo mío publicado en la Biblia G3: www.bibliag3.com)


Si eres de los que dice "Me cuesta entender y explicar la doctrina de la Trinidad a otras personas", entonces tengo una buena noticia para ti: ¡Eres una persona normal! Así es. No existe ninguna persona sobre esta tierra que pueda decir que entiende a cabalidad ese gran misterio que se llama la Trinidad. Sin embargo, en la tarea de satisfacer las inquietudes naturales que como seres humanos tenemos, se hace necesario explicar en qué consiste esta fundamental doctrina de la fe cristiana.

Quizá una buena forma de comenzar sea explicar qué no es la doctrina. Primero, la Trinidad no es la creencia en tres dioses. La Biblia enseña con claridad, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, que Dios es uno (Deut. 6:4) y que hay un solo Dios (1 Tim. 2:5). Jesús nunca proclamó ser "otro" Dios, sino que dijo que él y el Padre eran uno (Juan 10:30). Segundo, el cristianismo no cree que las tres personas son sólo distintos roles de la misma persona, convirtiéndose a veces en el Padre, a veces en el Hijo y a veces en el Espíritu Santo, como si la Divinidad sufriera de múltiple personalidad. Tercero, tampoco cree la iglesia cristiana en un Dios que creó a Cristo como un dios menor, tal y como enseñan algunos grupos sectarios.

La doctrina de la Trinidad sí es la creencia en un solo Dios en tres personas eternas e iguales, aunque distintas en personalidad. Esta doctrina es sustentada por algunos indicios en el Antiguo Testamento y abundantes pruebas en el Nuevo Testamento. Ya te dije antes que la Biblia enseña claramente que Dios es uno y que hay un solo Dios. Sin embargo, el Antiguo Testamento presenta algunos indicios de la pluralidad de la Divinidad. En primer lugar, hay varios pasajes en los que Dios parece hablar consigo mismo en plural: "Hagamos al hombre" (Gén. 1:26); "descendamos y confundamos allí su lengua" (Gén. 11:7). En segundo lugar, hay textos que parecen presentar a Jehová hablando con otro personaje que también es Jehová (Zac. 3:1-2). El Nuevo Testamento presenta con gran claridad que Jesucristo es Dios (Juan 1:1; Rom. 9:5; Tito 2:13; Fil. 2:5-6; Col. 2:9; 1 Tim. 3:16; 1 Juan 5:20; Ap. 1:8,11-13). Además, la Biblia afirma que el Espíritu Santo posee características, atributos y derechos que sólo corresponden a Dios (conoce lo profundo de Dios, 1 Cor. 2:10; imparte vida, Rom. 8:11; es creador, Job 33:4; es omnipresente, Sal. 139:7). Por último, se debe señalar la existencia de pasajes bíblicos que presentan a las tres personas en alguna actividad conjunta: Mr. 1:10-11 en el bautismo de Jesús; Mt. 28:19 en la fórmula que se debe usar en el bautismo, en la que, de paso, puede verse la existencia de un solo nombre para las tres Personas; 2 Cor. 13:14 en una salutación del apóstol Pablo, quien los pone a los tres como dignos de derramar bendiciones sobre los lectores de esa carta. Como puedes ver, la Trinidad no es la invención de algún teólogo "desvelado", sino que es una enseñanza clara de la Palabra de Dios.

En el pasado, ha habido intentos de muchos cristianos por explicar la doctrina de la Trinidad, diciendo que es posible encontrar otros ejemplos de cosas que son "tres en uno". Algunos de esos ejemplos los puedes leer a continuación: 1) El agua (la misma agua, pero en sus tres estados, sólido, líquido y gaseoso); 2) las dimensiones de las cosas (largo, ancho, profundidad), son tres, pero es la misma cosa; 3) Los árboles, ya que tienen raíz, tronco y ramas, pero es el mismo árbol; 4) El hombre que es, a la vez, esposo, padre e hijo; 5) El trébol que tiene tres hojas, pero es el mismo trébol; 6) la electricidad que impulsa un motor, que da luz por medio de una lámpara y que hace funcionar una plancha (son tres clases de aparatos, pero es la misma electricidad); 7) El triángulo que tiene tres lados iguales, pero es un solo triángulo; etc.

La verdad es que ninguno de estos ejemplos –y ningún otro– pueden ilustrar a la perfección una verdad tan profunda e infinita como la de la Trinidad. De hecho, recuerda que la mente humana es finita, limitada e imperfecta. Por lo tanto, ¿crees tú que una mente tan pequeña como la mía, la tuya o la de algún maestro de ciencias puede explorar la naturaleza infinita de Dios? Para ser sinceros, si alguien puede llegar a entender el misterio de la Trinidad, esa persona tendría que ser Dios mismo (1 Cor. 2:11). De esta manera, ¡más bien hay que dar gracias a Dios porque no podemos ilustrar cómo es él! ¿Te das cuenta? Si pudiéramos comparar al Señor con alguna cosa que hay en la naturaleza, ese Dios sería pequeñísimo; del tamaño del entendimiento de cualquier ser humano. No valdría la pena confiar en él, ya que no sería Todopoderoso, infinito u omnipresente.

Debido a nuestra incapacidad para llegar a entender a la Persona de Dios, es que Él tomó la iniciativa y decidió hacerse como uno de nosotros, en la persona de Jesucristo, para que pudiéramos apreciar cómo es Él. Por eso es que Jesús pudo decir que quien lo había visto a él había visto al Padre (Juan 14:9) y es por ello que se puede decir que Jesús vino para dar a conocer a Dios (Juan 1:18). Lo más que podemos llegar a afirmar es que Dios es uno solo, pero se manifiesta en Padre, Hijo y Espíritu Santo. Aunque cada una de estas tres Personas tiene existencia propia, distinta de la de los otros dos, es el único y eterno Dios en el que creemos. Si alguien quiere burlarse ti debido a esa creencia, puedes contestar que, el hecho de que no podamos entender algo, no significa que no sea real. Di que esa es la enseñanza que el mismo Dios nos ha revelado y que prefieres confiar en lo que Dios te ha dicho que en lo que cualquier ser humano diga. Aunque mi mente no puede comprenderlo, todo mi ser lo acepta como la verdad que el Señor mismo nos quiso comunicar. ¡Gloria a su nombre!

¿Existen las maldiciones generacionales?


Alguien me hizo llegar esta pregunta: “¿Qué me puedes decir sobre las maldiciones que se heredan de padres a hijos y nietos y más allá?” Supongo que la duda es si esto es bíblico y cómo funciona.

Esta idea proviene de dos fuentes principales: Textos bíblicos como Éxodo 20:5; 34:7; Números 14:18 y Deut. 5:9 y además la idea medio mágica y ocultista de que se puede echar conjuros sobre otras personas. En la práctica, la idea es que las cosas malas que me suceden o los pecados que cometo, podrían ser el resultado de maldiciones o ataduras contraídas por mis antepasados. Hay que reconocer que muchos cristianos creen que esta es una doctrina que proviene de la Palabra de Dios.

Sin embargo, por un lado, los textos citados no significan que Dios va a perseguir de manera obsesiva a una familia para destruirla o hacer que sufran por generaciones enteras. Más bien habla de la gravedad del pecado de la idolatría y sus efectos duraderos en las generaciones subsiguientes; esto es, por vía del ejemplo y la influencia del ambiente sobre los hijos y los nietos. A propósito, el pasaje dice claramente que la “visitación” de Dios (obviamente con propósitos de juicio) es para aquellos que lo aborrecen y no para creyentes.

Por otro lado, recuerda que aunque alguien te eche una maldición, sus efectos ya han sido llevadas por Jesús en la cruz, donde él se hizo maldición para librarnos de la maldición de la Ley (y cualquier otra). 2 Corintios 5:17 agrega que si alguno está en Cristo, es una nueva creación, para la cual las cosas viejas ya pasaron. Si Cristo triunfó en la cruz sobre los demonios y sus artimañas (Col. 2:14-15), entonces no es una maldición la que va a apartarte del Señor (Rom. 8:37-39).

Por último, considera por un momento si esta doctrina fuera cierta. En primer lugar, en lugar de arreglar tus cuentas personalmente con el Señor y los demás, tendrías que preguntarte qué atadura tiene mi abuelito o tatarabuela para que yo esté pasando por estos problemas. En segundo lugar, significaría que del diablo y sus demonios tendrían más poder que Jesús, lo cual no es posible (1 Juan 4:4). En tercer lugar, significaría que los pecados y/o errores de mis antepasados me perseguirían sin qué ni para qué, siendo que la Biblia afirma que cada uno será juzgado por sus propios pecados y no por los de sus padres o antepasados (Deut. 24:16; Ezequiel 18:20, aunque de hecho, todo el capítulo hace énfasis en la responsabilidad personal).

Con respecto a los “anatemas” (maldiciones) que aparecen en la Biblia, la idea no es echarle la mala suerte o condenar a alguien al inevitable fracaso, sino a pronunciar palabras de condena y formal desaprobación de algo o de alguien. No se trata de el mismo sentido de “maldición” que se usa en ambientes de hechicería y brujería.

La verdad es que sí hay influencias; repito, influencias que se pasan de padres a hijos. Por eso, muchos pecados de los padres se repiten en las nuevas generaciones, pero no hay tal cosa como maldiciones infalibles que nos aten de manera inevitable. Somos hijos de Dios y como tales, estamos bajo la protección y el cuidado de Dios de cualquier conjuro o hechizo mágico (Juan 10:28-30).

Quiero recomendar una interesante y amplia discusión sobre el tema en otro foro. En lugar de repetir muchos de los conceptos allí expuestos, he decidido colocar el vínculo para que lo consultes:

http://www.foroekklesia.com/showthread.php?s=&threadid=28230

Cualquier comentario adicional, no dudes en hacerlo.

Con entendimiento transformado,

Alan Perdomo.

Daniel: Fidelidad en el mundo de la política


Uno de los aspectos más particulares de América Latina ha sido su política y sus políticos. La percepción de que "aquí se hacen las cosas así" ha llevado a la política latinoamericana a ser identificada con intrigas, trampas y maniobras desleales que buscan manipular a los pueblos en procura de intereses egoístas. En una época en la que los evangélicos han llegado a posiciones de importancia política y social, es lamentable decir que esa situación no ha cambiado mucho.

    Un personaje bíblico que brilla como creyente y como funcionario público es Daniel. Este profeta sirvió de manera competente como consejero en tres gobiernos manteniéndose como un ejemplo de lealtad al Señor y a su pueblo. ¿Cuál fue su secreto? A continuación, señalamos tres pilares sobre los cuales este profeta edificó y sostuvo su fidelidad en el mundo de la política.


 

1) Su visión acerca de Dios

Para Daniel, Dios era más que un concepto teórico; era el motor de su vida y su actuación en la administración pública. Primero, el profeta entiende que el Señor es el director de la historia (Dan. 2:21-22, 28) por lo que puede decirse que los eventos nacionales e internacionales no son producto del azar, sino que responden al diseño de un Dios que mueve los poderes mundiales a voluntad. Segundo, Dios está por encima de los poderes humanos. En el cáp. 4, un terrible juicio cae sobre Nabucodonosor, rey de Babilonia, por su arrogancia. El propósito del castigo sobre el rey es presentar la superioridad absoluta del "Altísimo" quien "tiene el dominio en el reino de los hombres y lo da a quien él quiere" (Dan. 4:2-3, 32). Es clarísimo que, para Daniel, ningún rey o poder humano se puede comparar con el Dios de los cielos.

En resumen, el Dios de Daniel controla todos los aspectos de su vida personal y pública. Es tal la identificación con el Señor, que aun Darío ora "El Dios tuyo, a quien tú continuamente sirves, él te libre" (Dan. 6:16). ¡Qué fácil olvidan a Dios nuestros políticos! Parece que su fe llega a ser como un eslogan que los hace quedar bien. ¡Qué ejemplo el de Daniel! Su fe era un pilar sobre el que se sostenía su eficiencia como servidor público y su fidelidad delante de "su Dios".


 

2) Sus convicciones firmes

    A menudo, los políticos parecen tener convicciones moldeables por las circunstancias y terminan expresando "posturas del momento" en lugar de verdaderas creencias. Daniel, en cambio, sostuvo sus convicciones hasta el fin. Por ejemplo, Dan. 1 menciona el conflicto relacionado con comer la comida del rey y la consiguiente pureza los jóvenes hebreos. Recordemos que el participar en esa comida implicaba ofrecerle su lealtad y su amistad incondicional al imperio babilónico. Las firmes convicciones de los jóvenes hacen que rechacen semejante compromiso que los alejaría de Dios y del pueblo cautivo. Los resultados, controlados por Dios, vindican la decisión de ellos. ¡Qué lección para los políticos que acostumbran ceder en "pequeñas cosas" y negociar sus convicciones por pura conveniencia!

    Otra muestra de la firmeza de Daniel se observa en el cáp. 6, donde una trampa bien tejida por sus adversarios lo pone entre la espada y la pared. De acuerdo al v. 7, si Daniel ora a Dios, morirá. ¿Qué hacer? Podría razonarse que este es un asunto menor y que, de todas maneras, "en su corazón", él seguiría adorando a Dios, aunque no lo hiciera públicamente. Sin embargo, el v. 10 resalta el carácter constante del profeta. Siguió adorando a Dios públicamente, fiel a su costumbre y en abierto desafío a una ley que era injusta y malintencionada. Como se ve, Daniel enfrentó la pena de muerte por perseverar en sus creencias. Ante el fácil oportunismo, necesitamos políticos evangélicos que levanten la bandera de las convicciones cristianas, aunque ello implique sufrir frente al monstruo de corrupción que tiene atrapado al mundo político del continente.


 

3) Su visión realista de los poderes humanos.

Las alturas del poder no provocan mareos en Daniel. Por un lado, es optimista ya que cree en un mundo que es dirigido por un Dios lleno de sabiduría y conocimiento (2:21-23). A la vez, es realista en relación con la naturaleza del poder humano. Él es consciente de que los gobiernos son pecaminosos –algo que con frecuencia se olvida en una campaña política a favor de un candidato evangélico. El capítulo 7 presenta una visión de los reinos humanos en forma de bestias horripilantes (más allá del simbolismo de la descripción). Es dramático recordar que Daniel le llama "bestia" al imperio del cual es consejero, bajo riesgo de molestar el frágil ego del rey y exponerse a una colérica reacción. Daniel, entonces, no se engaña pensando que tal o cual gobierno o candidato es "el redentor del pueblo". Él sabe que el estado puede llegar a convertirse en una terrible fiera, digna de temer. Más de un político ingenuo debería recordar esta valiosa enseñanza.

Como se ha podido ver, Daniel era más que un "buen creyente" con buenas intenciones. Era un siervo de Dios que poseía capacidades extraordinarias, pero también una fe inquebrantable. Su fidelidad no sólo se extendía a sus compromisos religiosos, sino que abarcaba la totalidad de su vida como profeta y como consejero político. En un tiempo en el que los evangélicos incursionan cada vez más en este campo, necesitamos hombres y mujeres con una pasión intensa por Dios y que sepan defender sus convicciones para llevar nuestra fidelidad de la frialdad de la teoría al calor de la práctica… aun en el mundo de la política.

¿Calvinista o arminiano?

Este es el audio de una exposición que hice para el programa "El Bunker". Sirve como una introducción bastante sencilla (a riesgo de generalizar un poco) sobre la controversia entre el calvinismo y el arminianismo. ¡Espero comentarios!


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