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¿Una brújula que desorienta?


La más reciente controversia que rodea a la fe cristiana y que incluye una película (aún se debate La pasión de Cristo y El Código Da Vinci) es el reciente estreno de la película La brújula dorada (The Golden Compass), basada en el libro para niños Luces del Norte (Northern Lights) y parte de la trilogía llamada La materia oscura (His Dark Materials) del escritor británico ateo Phillip Pullman. Algunos grupos cristianos ya han comenzado una serie de protestas contra el film y algunos incluso han sugerido un boicot contra su exhibición. Más que entrar en una actitud de prohibiciones o pánico, en esta ocasión, quiero presentar cuatro elementos que pueden ayudar a orientar y tomar decisiones sabias, inteligentes e informadas a los creyentes.

1) El escritor, los libros y sus intenciones

Es verdad:

Pullman es abiertamente ateo. En una entrevista con el Washington Post (http://www.washingtonpost.com/ac2/wp-dyn/A23371-2001Feb18), el escritor declaró que había escrito sus libros para “debilitar las bases de la fe cristiana”.

Las comparaciones y las conexiones con otros dos famosos escritores cristianos de Oxford (J.R.R. Tolkien, autor de El Señor de los Anillos y C.S. Lewis, autor de la serie de Las Crónicas de Narnia) han sido inevitables. Pullman ha declarado que no le gustan los libros de Lewis y que El Señor de los Anillos exalta demasiado la superioridad de “otro mundo”, mientras que él espera celebrar la existencia de “este mundo”.La organización que hace las veces de villano en los libros es “El Magisterio”, el cual está formado por hombres fríos e insensibles, que usan ropas clericales y utilizan edificios muy semejantes a catedrales católicas. De hecho, la palabra “Magisterio” es una obvia referencia a la autoridad jerárquica católica.

En uno de los libros, uno de los personajes dice: “El cristianismo es un error muy poderoso y convincente”. En otra parte se proclama: “Esto significará el fin de la Iglesia… el fin de todos esos siglos de tinieblas”.

Al final de la serie, los protagonistas se enfrentan con “Dios” (llamado Yahweh) y terminan desenmascarándolo y, finalmente, liquidándolo.

No es verdad:

Que al leer este libro sufrirás un lavado de cerebro y automáticamente te transformarás en ateo

Que este es un intento de “asesinar al Dios cristiano” o que es un ataque sistemático contra toda la fe cristiana. De hecho, Jesús ni siquiera se menciona en los libros. Pullman declaró: “El Dios que muere es el Dios de los que queman a los herejes y ahorcan a las brujas… ese Dios merece morir”. No se puede negar que hay algo de verdad en esa declaración.

2) Las ideas principales de la obra

A diferencia de El Código Da Vinci, que relata sucesos ficticios, pero con una obvia intención de afirmar que la historia está basada en hechos y documentos reales, La brújula dorada es una obra claramente de fantasía. Las líneas generales del argumento son simples: Una organización seudo-religiosa que busca controlar de manera autoritaria las vidas de las personas, unos niños que se rebelan contra ese control cuasi-nazi y una serie de criaturas fantásticas que protegen, atacan e interactúan con los héroes. Es una historia que llama la atención, sobre todo a los jóvenes y niños.

3) La calidad artística de la película y los libros

Los libros han sido aclamados por la crítica y han resultado ser un éxito de ventas en los Estados Unidos. Es obvio que Philip Pullman es un talentoso escritor. Quizá podría decirse que el caso se parece al de El código Da Vinci, donde muchos cristianos apreciaron la calidad literaria del libro, sin aceptar sus premisas.

El costo de la película –alrededor de los 150 millones de dólares –la ubica como uno de los megaproyectos del año. Las actuaciones estelares de Nicole Kidman, Daniel Craig y la voz de Sir Ian McKellen parecen asegurar un muy buen trabajo interpretativo. Estos nombres, de por sí, no aseguran un éxito de película, pero los cristianos deberíamos estar preparados para reconocer la calidad artística o técnica de una obra, sin estar aceptando, necesariamente, sus premisas o enseñanzas.

4) Una perspectiva teológica de la controversia.

Es prudente comenzar diciendo que si el cristianismo ha soportado ataques aparentemente terminales (las persecuciones del imperio romano, las sucesivas uniones y alianzas con estados y emperadores, etc.), quizá no debemos pensar que un libro o una película acabarán con la fe de millones de personas o le dará un mal nombre a la verdadera iglesia de Cristo.

Lo anterior no implica que debemos aceptar o aplaudir lo que estas obras artísticas comunican. Sin embargo, las palabras de Romanos 8:31 resuenan aun hoy: “Si Dios es con nosotros, ¿quién contra nosotros?”. Dios es mucho más poderoso que Phiip Pullman o que el director de la película, Chris Weitz.

El consejo bíblico de 1 Tes. 5:21 es oportuno: “Examinadlo todo; retened lo bueno”. Por ejemplo, en un sentido, los libros (y la película) pueden resultar siendo una buena crítica a cierto sector autoritario y cerrado del cristianismo. De hecho, quizá los intentos de boicotear la película o de prohibir los libros y sacarlos de las bibliotecas, sean actitudes más dignas del “Magisterio” que pinta Pullman, que de seguidores del Cristo de los cielos. A la vez, nuestras críticas a la película deben ser inteligentes; basadas en observaciones agudas y válidas y no solamente en el viejo argumento de que “es que utilizan magia”.

Un buen consejo es que la película puede y debe provocar discusiones francas y honestas acerca del tema de la libertad, la autoridad, la iglesia y, en último caso, Dios y la vida diaria. Por otro lado, si una persona o una familia, decide que no desea ver la película o leer los libros, es su decisión y debe ser respetada. Aun así, los padres de familia y líderes de las iglesias tenemos la obligación de mantenernos informados sobre lo que sucede en la cultura popular para “apacentar a la iglesia del Señor, la cual él ganó con su sangre” (Hch. 20:28). En todo caso, debería ser bastante claro, a estas alturas de la reflexión, que esta no es una inocente película para niños; con ideas ingenuas o neutrales. Es un tratado algo complejo; con ideas filosóficas claras y provocativas, y todo vestido con el multicolor ropaje de una aventura fantástica.

Quizá esta película proveniente de un libro escrito por un ateo militante sea un buen inicio para poner en práctica un ejercicio muy necesario para todos los cristianos: el discernimiento. Muchas veces, al encender la televisión, el reproductor de mp3 o entrar a la sala de cine, apagamos el cerebro. ¿Cuántas películas hemos visto esta semana que son 10 veces más "diabólicas" que La brújula dorada? Me refiero a las películas que enseñan valores y actitudes claramente anticristianas, pero como no son abiertamente “ateas”, no hay boicots o conspiraciones paranoicas. En pocas palabras, el cristiano debe aprender a observar, analizar y formarse un criterio maduro acerca de todo lo que sucede a su alrededor; no solo sobre los conceptos que atacan sistemáticamente al cristianismo.

Por mi parte, creo que cuando tenga la oportunidad, voy a ver la película (en estos momentos no se ha estrenado en América Latina). Considero que la censura o los ataques despiadados, muchas veces, lejos de lograr su propósito, pueden constituir publicidad gratuita. Por supuesto, iré con cierto prejuicio; con una mente ya a la defensiva, pero con la suficiente apertura como para ser gratamente sorprendido, si es el caso.

¿Disciplina en estos tiempos?


Esta es una época que proclama la libertad absoluta. Los seres humanos de este flamante principio del siglo XXI pretenden celebrar una vida de total independencia de cualquier clase de autoridad e incluso límite. Así, todo aquello que promueva sujeción, obediencia o sumisión es visto con sospecha, ya que puede restringir las decisiones libres de las personas. Pareciera como si la motivación para la vida posmoderna fuera la vieja máxima corintia: “Bebamos y vivamos, que mañana moriremos”.

Paradójicamente, esta actitud está provocando desesperanza, desorientación y un sentido de cosificación de los seres humanos, los cuales terminan presos de su libertinaje. Efectivamente, cada vez son más las personas que se conforman con vivir el momento, no solamente porque así expresan su libertad, sino, principalmente, porque no le ven otra alternativa o propósito a la vida. La publicidad y la sociedad de consumo terminan por hacer de las personas meros consumidores, clientes o genéricamente “el mercado”; mientras que la pretendida libertad no hace sino provocar adicciones, neurosis y una general obsesión por probar los límites de la tolerancia física, mental y social hacia ciertos pecados y actividades dañinas. La cantidad de suicidios ha aumentado de manera impresionante y las conductas autodestructivas son cada vez más comunes mientras la tecnología contribuye a traer comodidad y una vida cada vez más lúdica e irresponsable. Hoy, más que en otras épocas, parece que observamos un mundo lleno de personas “desamparadas y dispersas como ovejas sin pastor”.

Es que en el fondo, el problema no es económico o político, como pretendía el comunismo, el cual proponía la destrucción del sistema capitalista y la instauración de un nuevo orden económico sin clases sociales, el cual produciría un hombre nuevo, libre de egoísmos y dispuesto a recibir según su necesidad y aportar según sus capacidades. Tampoco tenía razón el capitalismo, quien propuso impulsar la iniciativa privada y la libre competencia como recetas que traerían prosperidad económica e impulsaría la satisfacción individual, según la iniciativa, inteligencia y capacidad de cada quién. Sin duda, la historia se está encargando de demostrar más allá de toda duda que ambos sistemas provienen de cierto materialismo y, en último caso, del egoísmo tan propio de una raza caída.

En último caso, la solución al problema de la desesperación del ser humano de todas las épocas tiene raíces claramente espirituales. De esta manera, la solución debe pasar, necesariamente, por lo espiritual. Y no se trata de una espiritualidad insípida y fácil; hecha a la medida de cada quien, tan popular en estos tiempos, sino la vida “en Cristo” de la que hablaba el apóstol Pablo. Parece ilógico y será impopular decirlo, pero una de las claves para cambiar la situación mental, emocional y espiritual de la gente de esta generación se encuentra en el concepto espiritual de límites, disciplina y autocontrol en Jesucristo. No se trata de reglas y leyes pesadas, sino de comprender cuáles son los límites y, de manera libre, llegar a alcanzar la satisfacción y plenitud individual y social manteniendo bajo control los instintos y deseos que todo ser humano tiene, rindiéndolos ante un amo y dueño superior.

Invocación al Dios literario

Pronunciado en la presentación del libro Didáctica de las Figuras Literarias. Jueves 26 de Julio de 2007.

Señor del Universo; Creador de todo por medio del poder de tu Palabra; autor original de la comunicación; supremo inspirador de sublimes y autoritativos juicios; infalible guía de santos hombres que expresaron tu divina voluntad usando humanos retratos e imágenes; a ti que hablaste muchas veces y de muchas maneras a los padres; a ti que en estos postreros días hablaste por medio del Hijo; a ti que te deleitas en cruzar los laberintos literarios para hacerme admirar la sencilla elocuencia de tu voz; a ti elevo mi gratitud; a ti me entrego; tu Nombre invoco en esta noche excepcional.

Señor de misericordia, gracias por tus dones. Mi corazón danza de alegría al escucharte entonar el cántico del perdón y la reconciliación; al descubrir tu complacencia cuando me llamas “hijo querido”. Mi humanidad se eleva hacia alturas incomparables al comprobar que soy tu imagen y semejanza. Mi espíritu entona una melodía de adoración y gratitud al meditar en que mis habilidades y dones; mis palabras; mi comunicación y expresión son un reflejo de tu esencia como Creador y productor cósmico. Mi lengua se esfuerza como un dedicado arqueólogo y escarba el idioma para tratar de descubrir maneras precisas de expresar lo inexpresable: que tu maternal amor es mi sostén; que tu poder es mi competencia y que tu compañía es la fuente de mi esperanza presente y futura.

Señor majestuoso, esta noche de alegres estrellas y sonrisas luminosas, deseo entregarme una vez más a ti. Al igual que los apocalípticos seres vivientes alrededor de tu trono, doy gloria y honra y acción de gracias a ti que reinas y que vives por los siglos de los siglos. De la misma manera que los veinticuatro ancianos de la corte celestial, es mi decisión colocar mis coronas de triunfo ante tu noble majestad porque, Señor, solo tú eres digno de recibir la gloria y la honra y el poder, porque tú creaste todas las cosas y por tu voluntad existen y fueron creadas. Mi ser, mis anhelos, mis sueños y mis actos son tuyos. Bendito sea tu Nombre glorioso por siempre y para siempre.

Señor de mi vida, al invocar tu Nombre, proclamo tus derechos absolutos sobre todo y sobre todos; reconozco mis muchas limitaciones y, a la vez, declaro mi entera sumisión a tu graciosa voluntad. Por ello, suplico humildemente tus bendiciones y favores sobre mí, sobre mi familia y sobre la tarea que has entregado en mis manos. Prospera la obra de tu siervo y hazme publicar con mis palabras y mis actos: “Bendito Jehová Dios, el Dios de Israel; el único que hace maravillas. Bendito su nombre para siempre y toda la tierra sea llena de su gloria. Amén y Amén”.

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