Me acabo de encontrar en Scribd este libro muy utilizado para enseñar el tema de los valores. Siendo que estamos en una época en la que se habla de una "crisis de valores", este aporte me parece muy oportuno para líderes de jóvenes, maestros, padres y todo aquel que desea saber más acerca de los valores que mueven y dirigen nuestras decisiones diarias. ¡Buen provecho con la lectura!
Este es un espacio para que las mentes al límite compartan ideas, pensamientos, puntos de partida y experiencias desde una perspectiva cristiana.
La verdadera tragedia
Publicado en el libro
"El Encuentro con Dios", 2013
1 Yo soy Miqueas de
Moréset. Dios me comunicó lo que pensaba hacer contra las ciudades de Samaria y
Jerusalén. Esto sucedió cuando Jotán, Ahaz y Ezequías eran reyes de Judá. Esto
es lo que Dios me dijo: 2 «¡Escúchenme bien, pueblos todos de la
tierra! ¡Préstenme atención, habitantes de este país! Yo soy el Dios de Israel
y desde mi santo templo voy a denunciar sus maldades. 3 »Ya estoy
por salir y destruiré los pequeños templos que han construido en los cerros de
este país. 4 »Cuando ponga mis pies sobre las montañas, ellas se
derretirán como la cera en el fuego, y los valles se partirán en dos, como se
parten las montañas cuando los ríos bajan por ellas. 5 »Todo esto
sucederá por la rebeldía de los israelitas, pues ya son muchos sus pecados. Los
de Israel pecaron en la ciudad de Samaria; los de Judá adoraron a otros dioses
en la ciudad de Jerusalén. 6 Por eso convertiré a Samaria en un
montón de ruinas; esparciré sus piedras por el valle y la dejaré al
descubierto. ¡Sólo servirá para plantar viñedos! 7 »Por eso haré
pedazos todos los ídolos de Samaria. Los hicieron con las monedas que ganaron
las prostitutas; ¡pues yo los fundiré en el fuego y en monedas los convertiré de
nuevo!» 8 Entonces yo dije: «Samaria y mi pueblo Judá han sido
heridos de muerte. La muerte también amenaza a Jerusalén, capital de Judá. »Por
eso lloro y estoy triste; por eso ando desnudo y descalzo; por eso chillo como
avestruz, por eso lanzo aullidos como chacal. 10 »Pero no se pongan
a llorar ni digan nada a los de Gat. Más bien retuérzanse de dolor en ese
pueblo polvoriento que se llama Polvareda. 11 »Ustedes, habitantes
de Bellavista, serán llevados como esclavos; avanzarán desnudos y avergonzados.
Habrá lágrimas en el pueblo vecino, pero los habitantes de Zaanán no saldrán en
su ayuda. 12 Los habitantes del pueblo de Amargura se quedarán
esperando ayuda, pero Dios enviará la desgracia hasta la entrada misma de
Jerusalén. 13 »Ustedes, habitantes de Laquis, ¡enganchen sus
caballos a los carros! Fue en la ciudad de ustedes donde todos nuestros males
comenzaron. Allí pecaron los israelitas, y allí pecaron los de Jerusalén. 14
Por eso tendrán que despedirse de su amado pueblo de Moréset-gat. Los
reyes de Israel serán engañados en el pueblo llamado Trampa». 15 Y
Dios dijo: «Contra ustedes, habitantes del pueblo llamado Conquista, voy a
enviar un conquistador, y aun los israelitas más valientes huirán hasta la
cueva de Adulam. 16 Habitantes de Jerusalén, ¡lloren y aféitense la
barba!, ¡lloren y córtense el cabello hasta quedar calvos como un buitre! ¡Sus
hijos queridos serán llevados a un país lejos de aquí!» Miqueas 1 (Traducción en Lenguaje Actual)
Nuestros países viven a menudo catástrofes naturales
debido a muchos factores. Así, huracanes, terremotos, inundaciones, accidentes
de automóviles y otros hechos enlutan nuestras ciudades y pueblos. Por eso les
llamamos tragedias, y cuando ocurren, todos los ciudadanos parecen ser
sensibilizados por las necesidades y sufrimiento de las víctimas.
Existe, sin
embargo, una tragedia mucho más grande y que está llenando de luto,
desesperanza y amargura nuestros hogares y nuestras ciudades: es el pecado.
Este desastre hace mucho más daño que todos los huracanes y terremotos juntos.
Arruina sueños, relaciones entre familiares y amigos, deforma la identidad de
las sociedades y las personas. Así, nuestras ciudades son verdaderos refugios
de crimen contra uno mismo, contra el prójimo y contra el ambiente. No
obstante, es interesante y trágico que, a diferencia de los desastres
naturales, tenemos la tendencia a minimizar o aun a ignorar los fatídicos
efectos del pecado, la rebeldía y la desobediencia en general, y específicamente
contra Dios.
En realidad, en último caso, la fuente
de nuestra situación como raza humana es precisamente nuestra pecaminosidad.
Por ello, cuando el Señor se refiere al pecado en su Santa Palabra lo hace con
una nota de gravedad que debe calar hondo en las conciencias de todos aquellos
que leemos estas solemnes palabras. Dios se revela saliendo de su santo templo,
mostrando su arrasadora majestad y siendo un testigo formal contra las ciudades
que han emprendido un estilo de vida idólatra, egoísta, hedonista e
independiente del Señor de los cielos. ¡Qué grave es la rebeldía!
Al ser confrontados con nuestro pecado
y las decisiones rebeldes y desobedientes que hemos tomado, la actitud más
sensata es lamentarnos, arrepentirnos y hacer luto en humillación ante la
santidad del Señor. Solamente si estamos dispuestos a gemir y retornar al buen
camino podremos enfrentar adecuadamente las tragedias provocadas por el pecado.
¡Cuántas lágrimas! ¡Cuánto dolor! ¡Cuánta frustración provoca esta tragedia!
¿Cómo ves tu pecado? ¿Eres de los que
se justifica o de los que llora por la rebelión contra Dios? ¿Cuál crees que
debe ser tu actitud hoy ante tu pecado y sus consecuencias?
Señor, hoy me humillo ante ti y me comprometo a abandonar
mi trágica situación de pecado.
Sorprendido por un Dios asombroso
Publicado en la Revista Lider Juvenil
www.liderjuvenil.com
Es normal para la mayoría de cristianos afirmar que tenemos un Dios
infinito, poderoso, lleno de amor, misericordia y gracia. De hecho, muchas de
las alabanzas que cantamos en la iglesia son, en buena medida, una colección
algo desordenada y emotiva de adjetivos y calificativos dedicados al Señor, a
veces con claridad y otras, no tanto. Sin embargo,muchas veces parece que el
enfoque de la emoción es la adoración en sí y no tanto el Dios a quien se
supone que dirigimos nuestra alabanza. De hecho, si hemos de ser honestos, en
general parece que los cristianos estamos perdiendo nuestra capacidad de
aprender cosas nuevas y emocionantes acerca de Nuestro Señor.
Hace un tiempo, decidí
enseñar a los jóvenes de mi iglesia en Honduras una serie de predicaciones acerca
de la persona de Dios. Debo confesar que ya estaba preparando las viejas notas
de Teología Propia que normalmente enseño a mis alumnos de Seminarios e
Institutos bíblicos. Mi mente estaba más o menos preparada para repasar los
argumentos de la existencia de Dios, los “atributos comunicables” y una buena
explicación sobre la Trinidad, barnizada por conceptos filosóficos. Sin
embargo, el Señor tenía otros planes para mí y para los jóvenes.
Partiendo de una extraña pero muy clara
insatisfacción con el material que tenía, Dios me llevó a buscarlo a Él en la
Biblia y no usar los, en otro momento, útiles mapas preconcebidos de la
teología sistemática. Las dos figuras bíblicas que mencionaré a continuación son
parte de ese emocionante, apasionante y sin duda sorprendente viaje a través de
las páginas de la Escritura, a través del cual fui deslumbrado de nuevo por un Dios
que es simplemente fascinante.
El Artista de la Creación. Quizá las películas sobre el Génesis o
los dramas de la iglesia nos han motivado a imaginarnos a un Dios creadormuy
serio y formal con una voz profunda al estiloDarthVader ordenando “¡hágase la
luz!”. Sin embargo, mi sorpresa fue muy grande al leer los siguientes textos
bíblicos en traducciones variadas: “Al ver Dios la belleza de la luz, la apartó
de la oscuridad” (Gén. 1:4, TLA), “Mientras Dios admiraba tal belleza…” (Gén.
1:12-13, 18, 31, TLA), “…mientras cantaban a coro las estrellas matutinas y
todos los ángeles gritaban de alegría?” (Job 38:7, NVI).
¡Vaya! Tratando de despojarme de toda
preconcepción, el ambiente reflejado por estos textos no es el de una catedral
seria y digna o el de un culto formal que tanto caracteriza a muchas de
nuestras iglesias. El escenario es uno de alegre fiesta; de asombro inquieto y
hasta de cierto regocijo infantil. Me pude imaginar al Señor creando el mundo y
diciéndose “esto le va agradar a ellos… este toque les encantará”.Me imaginé a
un Dios artista contemplando extasiado su obra y los ángeles alrededor
vitoreando y siendo testigos privilegiados de una muestra del impresionante,
poderoso y creativo amor de su Rey.
Al tratar de buscar las consabidas imágenes para
la presentación audiovisual de mi predicación, las que mejor encajaron eran las
de niños deleitándose en un alborozado caos artístico, riendo y jugando con
pintura; experimentando con gran regocijo y buscando las mejores combinaciones de
colores en un auténtico festival de creatividad. ¡Ese es mi Dios!
El enamorado traicionado por su pueblo.Lógicamente, para seguir aprendiendo
acerca de un Dios admirable, el paso que seguía era ir a los profetas.Esperaba
un poderoso mensaje de un majestuoso Dios airado ante el pecado de un pueblo de
cabeza y corazón duros. Sin embargo, una nueva sorpresa me aguardaba. Aquí me
topé de frente con el dolor de un Dios apasionadamente celoso. ¿Qué hace el
Señor de los cielos cuando su pueblo le es infiel? Los profetas me respondieron
con una fuerza dramática que yo no esperaba.
Por
ejemplo, para echar en cara al pueblo su infidelidad, el Señor utiliza palabras
poco “evangélicas” como las siguientes: “¿Cómo se atreven a decir que no han pecado ni han adorado a dioses falsos?…
¡Admitan todo lo que han hecho! Son como una burra en celo cuando anda en busca
del macho: se pone a olfatear el viento, y en cuanto corre al monte nadie la
puede frenar. Si el macho la busca, fácilmente la encuentra” (Jer. 2:23, TLA);
“A todas las prostitutas se les paga; tú, en cambio, les pagas a tus amantes.
Los sobornas para que vengan de todas partes a acostarse contigo” (Ez. 16:33,
NVI).¡Qué palabras más trágicas, llenas de una triste mezcla entre
resentimiento, desconsuelo y dolor! El leer esta figura incluso me hizo dudar
que se pudiera enseñar en el santo ambiente de una iglesia, aunque al mismo
tiempo, pensé en varios adolescentes que sin duda pondrían más atención que
nunca.
A la vez,
por supuesto, en los profetas hay creativos y justos anuncios de juicio, los
cuales involucran destrucción incluso a través de los amantes del pueblo
adúltero. Sin embargo, lo que sobresale no es Dios como vengativo juez
satisfecho por castigar al pecador. En realidad, los abundantes reclamos y
castigos parecen provenir de un corazón dolido y atormentado, que ansía la
reconciliación: “Cuando yo te perdone por todo lo que has hecho, tú te acordarás de tu
maldad y te avergonzarás…” (Ez. 16:63, NVI); “Cuando visita a sus amantes se
pone joyas y les lleva regalos, pero a mí me tiene olvidado. Por eso la voy a
castigar, pues ha adorado a dioses falsos. Yo soy el Dios de Israel, y les juro
que así lo haré.A pesar de todo eso, llevaré a Israel al desierto, y allí, con mucho
cariño, haré que se vuelva a enamorar de mí” (Os. 2:13-14, TLA). La pasión de
Dios por su amado pueblo es tan grande que siente las profundas heridas cuando
le somos infieles. Incluso el castigo justo tiene como propósito hacernos
regresar a su lado. ¡Qué Dios tan asombrosamente apasionado el que nos presenta
la Palabra!
El dolor de la traición amorosa y los celos son emociones que no son
desconocidas para los jóvenes. Los rostros juveniles, sorprendidos como yo,
parecían iluminarse al descubrir en la Biblia a un Dios amorosamente poderoso y
casi vulnerable ante la deslealtad de su pueblo.
Qué aprendí. Primero,
puedo decir que esta serie de predicaciones cambió para siempre mi percepción
del Señor. Mi tiempo de oración y de comunión con Él ha sido más abierto. En
muchos sentidos lo siento más cercano. Segundo,
me recordó el privilegio de redescubrir al infinito Rey de reyes. Un Dios
demasiado domesticado por ciertos criterios teológicos tarde o temprano termina
siendo una caricatura hecha a nuestro gusto. Tercero, las figuras e ilustraciones bíblicas que buscan expresar
lo inexpresable me ayudan a sorprenderme continuamente con nuevas dimensiones
del Dios al que adoro y a quien sirvo. Desde entonces he descubierto nuevas
ilustraciones bíblicas: el padre amoroso que busca acariciarnos (Deut. 1:30) o
la madre que desea dar consuelo (Is. 66:13). Sin embargo, nunca voy a olvidar
el día en el que Dios mismo me sorprendió con su admirable personalidad.
¡Gloria a su asombroso Nombre!
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