¿Qué nos espera durante la eternidad?


Recibí la siguiente pregunta y quiero compartir con ustedes la respuesta:

Siempre me ha llamado la atención leer todo lo que la Biblia narra que sucederá al final de los tiempos. Pero también me nace la pregunta: Luego de que todo acabe y estemos con Dios, ¿Qué pasará? ¿Cuál será nuestro proposito??

Aquí la respuesta:

¡Gracias por tu pregunta! Este es uno de los temas en los que la Biblia no da información clara; solamente algunos indicios que señalan lo que sucederá. Los siguientes son algunos pensamientos al respecto:

1) Es obvio que Dios es eterno; por lo tanto Él será conocido por la eternidad (Ex. 3:15). Además,su justicia y salvación (y todas sus obras y atributos) también permanecerán eternamente (Is. 51:8) y su reino y dominio también son eternos (Dan. 6:26). Este es un buen punto de partida. La razón para tener esperanza en el futuro es que Dios estará allí.

2) En la Biblia es claro que hay un futuro glorioso para la creación física. Rom. 8:19-23 enseña que la Creación llora esperando su liberación el día en el que los hijos de Dios reciban la plenitud de su redención. Esto indica que algo bueno vendrá para el universo físico. 2 Pedro 3:10-12 señala que los elementos físicos de la actual creación serán fundidos con fuego, así como un alfarero funde una vasija con agua para deshacerla y volverla a hacer. Mateo 19:28 utiliza la palabra "regeneración" cuando se refiere a la Venida del Señor en gloria, lo cual revela que habrá una continuidad entre la creación actual y los nuevos cielos y nueva tierra que habrá en el futuro. En otras palabras, el nuevo universo que Dios creará estará basado en una renovación del actual.

3) Con relación a los seres humanos,
** La Biblia revela que tendremos cuerpos renovados; con capacidades superiores (1 Cor. 15:51-54).
** Apocalipsis 22:3 indica que entre las actividades que realizaremos en la Nueva Jerusalén por la eternidad estará la de servir al Señor, a través de adoración y otras actividades de servicio.
** La parábola de los talentos (Mat. 25:14-30) parece sugerir (sin estirar demasiado esta intepretación) que quienes hayan sido fieles "en lo poco" recibirán nuevas y mayores responsabilidades cuando el Señor regrese ("sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré"). ¿Qué clase de responsabilidades serán estas? Solamente podemos especular. Partiendo del propósito original del Señor, el cual consistía en compartir su dominio y gobierno sobre el mundo con los seres humanos (Gén. 1:27-28), creo que esas actividades incluirán dominar, gobernar y reinar junto con Dios sobre toda la creación (Ap. 22:5). Ir más allá y asegurar con exactitud cuáles serán las actividades es arriesgado.

4) He oído a muchos decir que estaremos alabando y adorando al Señor por la eternidad. Esto es cierto, siempre y cuando entendamos que TODO lo que hacemos es para alabanza de la gloria de Dios, pero no significa que vamos a participar en un culto de iglesia que va a durar toda la eternidad. Seguiremos adorando a Dios a través de las edades, pero por medio de muchas clases de actividades emocionantes, relevantes e importantes.

5) Se podría decir que tu servicio actual para el Señor es una especie de ensayo y capacitación para los nuevos horizontes que el Señor te mostrará para su gloria por toda la eternidad. ¡Qué privilegio y responsabilidad!

11 Consejos de Bill Gates para los adolescentes

Quizá hay que analizar cada uno y tomar en cuenta ciertas presuposiciones, pero estos consejos interesantes y a veces brutalmente realistas deben ser tomados en cuenta por las nuevas generaciones:

Consejo 1:
La vida no es justa, acostúmbrate a ello.

Consejo 2:
Al mundo no le importará tu autoestima. El mundo esperará que logres algo, independientemente de que te sientas bien o no contigo mismo.

Consejo 3:
No ganarás $5000 mensuales justo después de haber salido del secundario y no serás un vicepresidente hasta que con tu esfuerzo te hayas ganado ambos logros.

Consejo 4:
Si piensas que tu profesor es duro, espera a que tengas un jefe. Ese sí que no tendrá vocación de enseñanza ni la paciencia requerida. Además no estudió para serlo.

Consejo 5:
Dedicarse a cocinar hamburguesas no te quita dignidad. Tus abuelos te¬nían una palabra diferente para describirlo:le llamaban “Oportunidad”.

Consejo 6:
Si metes la pata, no es culpa de tus padres, así que no rabies por tus errores: aprende de ellos.

Consejo 7:
Antes de que nacieras, tus padres no eran tan “aburridos” como son ahora. Ellos empezaron a serio por pagar tus cuentas, limpiar tu ropa y escu¬charte hablar acerca de la nueva onda en la que estabas. Así que, antes de em¬prender tu lucha por las selvas vírge¬nes contaminadas por la generación de tus padres, inicia el camino limpiando las cosas de tu propia vida; empezando por tu habitación.

Consejo 8:
En la escuela puede haberse eliminado la diferencia entre ganadores y perdedores, pero en la vida real no. En algunas escuelas ya no se pierden años lectivos y te dan las oportunidades que necesites para encontrar la respuesta correcta en tus exámenes y para que tus tareas sean cada vez más fáciles. Eso no tiene ninguna semejanza con la vida real.

Consejo 9:
La vida no se divide en semestres. No tendrás vacaciones de verano largas en lugares lejanos y muy pocos jefes se interesarán en ayudarte a que te encuentres a ti mismo. Todo esto tendrás que hacerlo -si lo deseas - en tu tiempo libre.

Consejo 10:
La televisión no es la vida diaria. En la vida cotidiana, la gente de verdad tiene que salir del café, del bar o de la película, para irse a trabajar.

Consejo 11:
Sé amable con los “nerds” (los más aplicados de tu clase). Hay muchas probabilidades de que termines trabajando para uno de ellos

No caigamos en las redes del institucionalismo

Sin duda, esta época posmoderna, en combinación con el capitalismo globalizado, es testigo de una consolidación casi universal de las organizaciones agresivas y competitivas, a la vez del notorio debilitamiento y aun desaparición de aquellas que no se ajustan a las exigencias del mercado en el que se encuentran.

Cuando una iglesia local crece, sus autoridades tienen más poder que antes y el éxito visible comienza a ser evidente. Puede llegar a pensarse que ese crecimiento, poder y éxito es la meta de esa iglesia. De hecho, el crecimiento de la iglesia se ha convertido en una de las “industrias” más exitosas y de mayor demanda dentro del “mercado cristiano”. Muchas iglesias, al menos en la práctica, han convertido su imagen corporativa y su éxito tangible y numérico en la meta teológica de su vida y su ministerio.

El fenómeno que sufren estas congregaciones se llama “institucionalismo” y es el responsable de la pérdida de visión de muchas iglesias. El institucionalismo es la tendencia de las instituciones sociales de “volverse rígidas, por conservar la forma exterior (sic), perdiendo el sentido de los valores que la han motivado” (Fernando Bastos de Ávila, “Institución”, Pequeña enciclopedia de la doctrina social de la Iglesia, trad. Augusto Aimar, Bogotá: Ediciones San Pablo, 1994: 342).

Cuando la iglesia adopta esta filosofía institucionalista, las señales no siempre son claras, pero sí reales. PRIMERO: La importancia de las personas se comienza a medir con base en la grandeza o el éxito de la iglesia. Muchas veces cuando un líder se presenta por nombre y después dice en cuál iglesia está trabajando, recibe una segunda mirada de admiración, respeto o condolencia, dependiendo del nombre y la fama de la iglesia mencionada. También se invita a potenciales miembros o líderes a “unirse a algo más grande que tú”, haciendo siempre énfasis en la grandeza de la institución-iglesia como lo valioso, en lugar de las personas que la forman. En este sentido, la actitud es que el prestigio de la organización engrandece a las personas, y no que las personas hacen grande a la organización.

SEGUNDO: Una de las grandes metas del trabajo de la institución-iglesia llega a ser mantener a toda costa su buena imagen, incluso en perjuicio del bienestar o cuidado pastoral de las personas. Es como cuando otras instituciones que utilizan alguna clase de uniforme (como por ejemplo, centros educativos) exigen buena conducta de sus miembros “por el buen nombre del centro que representa el uniforme”. Se dan casos de autoridades institucionales que llegan a decir: “Está bien que lo hagan, pero es inadmisible que sea dentro de los muros de la institución o usando el uniforme que nos representa”.

Tres ejemplos o implicaciones de esta idea filosófica en la iglesia se pueden mencionar. En primer lugar, cuando se castiga o disciplina a alguien, muchas veces se hace para proteger el buen nombre de la institución o para evitar los malos comentarios que pueden hacer los inconversos, olvidando que la filosofía ministerial de la iglesia no deben establecerla los inconversos, sino la Escritura, la cual refleja el amor de Dios hacia las personas. En segundo lugar, los trabajadores asalariados y voluntarios son presionados a sacrificarse para que la institución crezca y se desarrolle saludable en el mercado. Así, es común ver iglesias con ambiciosos proyectos de construcción o de compra de tecnología o música, pero que “no les alcanza” para pagar un salario digno a sus pastores, a los cuales se les estimula a “vivir por fe”, como “todo buen siervo” del Señor. En tercer lugar, y relacionado con lo anterior, a menudo se observa negligencia en cuanto a la preparación y capacitación de los líderes y, a la vez, un esfuerzo cada vez mayor en la inversión dedicada a edificios, adornos y otras señales visibles y externas de grandeza organizacional.

TERCERO: Con esta filosofía los medios fácilmente se convierten en la meta. Así, el desarrollo excelente de los programas es visto como el objetivo, aun si las personas no llegan a comprender los “misterios” que se están llevando a cabo ante sus ojos. Muchas iglesias buscan adquirir emisoras de radio, equipos de sonido, proyectores digitales o instrumentos musicales sofisticados, no como medios para educar y formar personas, sino como fines en sí. Por eso, una de las maneras en que estas iglesias atraen personas es impresionando al público con espectáculos cada vez más sofisticados, edificios cada vez más complejos y programas más profesionalmente llevados a cabo. En el fondo existe la idea que de esta manera el ministerio de la iglesia será engrandecido y “globalizado”, de acuerdo a los criterios de la cultura capitalista actual.

Como se puede ver, es muy fácil adoptar el éxito de la institución como la gran meta, explícita o implícita. La tentación de pensar que “las personas son pasajeras, pero las instituciones permanecen” y adoptar esta idea como filosofía está presente en todas las iglesias e instituciones cristianas. Es muy fácil olvidar que el Señor Jesús no murió por instituciones, ni siquiera por la iglesia, vista como institución. Luchemos para que la iglesia no adquiera la identidad de una empresa con motivaciones egoístas, alejada de la gracia y la misericordia hacia las personas y enfocada en su propio crecimiento y prosperidad. Es necesario recordar siempre la palabra fiel: “Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero” (1 Ti. 1:15).

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